A Practical Look at the First Week

12 de marzo de 2025 Por Adriana Morales Gomez

Cuando decidí lanzar un archivo digital de referencias visuales para la revista, sabía que la primera semana iba a definir el tono de todo el proyecto. Lo que no esperaba era que las decisiones más pequeñas —qué etiquetar primero, cómo nombrar las carpetas, cuántas capturas guardar por sesión— terminarían ocupando más tiempo que la propia curaduría.

El archivo nació con una premisa simple: reunir estéticas generativas, interfaces experimentales y trabajos de comunidades artísticas que rara vez aparecen en los circuitos tradicionales. La primera semana sirvió para probar esa premisa en la práctica, con límites reales de tiempo y sin la presión de una publicación completa.

El primer día lo dediqué a definir criterios de selección. No bastaba con guardar todo lo que llamara la atención; necesitaba un filtro que respondiera a la línea editorial de Natevio. Al final opté por tres categorías: obras que plantean una pregunta sobre la autoría, proyectos que usan herramientas accesibles de manera inesperada y piezas que funcionan mejor en pantalla que en papel. Ese último punto fue el más difícil de sostener, porque muchas obras pierden contexto al separarlas de su entorno interactivo.

El segundo y tercer día los pasé revisando portafolios de creadores emergentes. La mayoría de los trabajos que valían la pena no estaban en las plataformas grandes, sino en servidores propios, archivos comprimidos y páginas personales con diseños que parecían de otra década. Esa fue una lección importante: la cultura digital contemporánea no vive solo en las redes, y el archivo debía reflejar esa diversidad de formatos.

Hacia el final de la semana, el archivo tenía 47 referencias organizadas, pero también había revelado un problema de fondo. El sistema de etiquetas que había diseñado funcionaba bien para obras individuales, pero no para proyectos colaborativos que cruzan varias disciplinas. Una pieza de arte generativo que además funciona como herramienta educativa no encaja en una sola categoría, y forzarla a una etiqueta única distorsionaba su propósito.

La solución provisional fue permitir etiquetas múltiples y aceptar que algunas referencias aparecerían en más de una sección. No es elegante, pero funciona. La próxima semana probaré si ese criterio se sostiene cuando el archivo crezca, y si la estructura permite que otros colaboradores de la revista agreguen sus propias referencias sin romper el sistema.

Lo más valioso de estos primeros días no fue la cantidad de material reunido, sino entender qué tipo de decisiones se repiten y cuáles son realmente puntuales. Eso cambia la forma en que voy a organizar el trabajo de las próximas semanas, y probablemente también la manera en que abordamos la curaduría en la revista.